miércoles, 3 de mayo de 2017

Tejido para Nacer [Cuento]


Hola mis Criaturas Literarias, desde hace muchísimo tiempo había tenido ganas de escribir este pequeño cuento. Un relato muy corto y sencillo, donde expreso la majestuosa existencia de la vida y propongo demostrar el significado de Propósito y Existir.

Espero que puedan disfrutar de la enigmática mente de un muñeco de vudú. Por cierto, es el primer cuento donde diseñé una portada animada.



Fantasía existencial.

He muerto tantas veces para poder vivir, he sentido tantas cosas para poder seguir aquí. He visto tantas cosas sin poder tocarlas realmente, he sentido muchas cosas ajenas y he deseado que esos sentimientos se quedasen conmigo…

¿Por qué nací? ¿Por qué hago esto? Tengo propósitos inmóviles atados en hebras de cuero, hilo y paja. Alfileres que arrebatan corazones, sueños y deseos. Alfileres que se clavan en mi cuero y matan… ¿Él me creo para esto? ¿Este es… mi propósito?

¿Estoy vivo realmente? Cada vez que matan a través de mí, me llevo parte de su esencia, de su vida, de su aliento.  

Una vez fui un hombre muy alto y guapo. Trabajaba como albañil arreglando y remodelando casas. Era un mujeriego empedernido, me acostaba con las amas de casa, con las mujeres solitarias, con las hijas de mis jefes… Hasta que el amor de una jovencita fue más fuerte que las infidelidades machistas.  Esa noche, una mujer tocó la puerta de mi creador; la progenitora de aquella jovencita, su necesidad de protección como madre no tenía límites. Cuando se ama, la gente hace locuras por proteger y cuidar. La madre pagó la multa a mi creador. Una pieza de prenda se incrustó entre mis hebras negras, el ritual conectó mi inutilidad motora al sujeto casanova, y entonces el alfiler maldito hizo su trabajo.

He viajado a lugares donde no sé si algún día estaré, pude besar sin tener labios, he escrito canciones y cuentos sin tener manos. He escuchado melodías sin tener oídos, he visto colores, matices y luces sin tener ojos. He bailado hasta desfallecer… sin tener piernas que mover. He hecho el amor, he odiado, he gritado, he llorado… he sentido todo… pero en otras pieles que no tengo, que nunca tendré.

He tenido muchas pieles, unas extrañas, otras hermosas, de muchos colores. Piel roja y quemada, piel oscura carbonada, piel blanca cual nevada, piel manchada como una pintura, piel mezclada, piel mestiza… Y los cabellos, como me gustaría tener dedos y sobar bucles, hebras, pliegos y flecos. También he tenido muchos de ellos, cabellos rojos y ondulados como la lava de un volcán, cabellos negros como cascadas de oscuridad, cabellos castaños como miel, cabellos amarillos como oro y trigo, cabellos blancos de sal, cabellos grises como nubes tormentosas, cabellos multicolores como el arcoíris…

Oh Dios, como quisiera estar vivo. También he creído, adorado e idolatrado… tantos años sin vida y vivo al mismo tiempo, y tantas creencias que no se si creerme. He rezado a imponentes dioses griegos y romanos, a delicados y arquitectónicos dioses egipcios, a bárbaros y guerreros dioses nórdicos, a transcendentales y enigmáticos dioses hindúes, a sanguinarios y justos dioses aztecas, mayas e incas; a complejos y castigadores dioses mesopotámicos, a bondadosos y crueles dioses orientales. A hombres poderosos, mesías inspiradores, divinidades universales, criaturas omnipotentes y cósmicas, seres inentendibles, demonios despiadados… y a papeles corruptos con rostros impresos en ellos.

¿Cuándo podré vivir realmente para creer y rezar con certeza? Quiero vivir, no quiero estar encerrado en mi propio cuerpo, atado en un capullo de muertes, esperando que otro pedazo de vida se me ate y se me arrebate con un alfiler.

Una vez fui una guerrera mesoamericana, una princesa de una antigua tribu poderosa. Pero el poder también atrae enemigos y hambre; el padre de esta guerrera arregló un matrimonio con otra tribu, una aldea que, aunque no tan fuerte, era rica en territorios, sembradíos y animales. Naturalmente el amor por ser libre, llevó a la guerrera a rechazar el matrimonio, amar es sinónimo de libertad y el amor no puede ser limitado. Esa vez, el líder de la tribu contraria, ofendido por el rechazo nupcial, pagó la deuda a mi creador y un nuevo alfiler arrebató la libertad de una princesa.

Después de tantas muertes, he aprendido a amar la vida. Quiero ser un alma libre, pero el cuerpo me ata.

¡Quiero vivir! Quiero ir a un parque y sentarme a escuchar el viento y las aves, quiero encontrar un amante y besarle sin decir adiós, quiero tomar píncenles e ilustrar en un lienzo, disfrutar de batallas sin importar perder, componer canciones con instrumentos hermosos, cosechar un árbol y verlo crecer, herirme para sufrir y curarme, exponer mi olfato a aromas sublimes, viajar a cada rincón del mundo descubriendo cuevas, pasajes, bosques, lagos, gente. Quiero quemarme, congelarme, sudar, quiero probar sabores extravagantes y únicos; escribir novelas, cuentos y relatos extraordinarios; leer aventuras, romances, horrores, crímenes, asesinatos, fantasías, mitologías, comedia, ciencia ficción, suspenso, drama, ficción y poesía.

Quisiera soñar sueños maravillosos y horribles pesadillas, quisiera enamorarme muchas veces, montar a caballo, volar en un avión, beber agua de una cascada, contar la arena de un reloj, tocar texturas extrañas, bañarme en una playa de arenas coloridas, cocinar un postre de vainilla y chocolate, tomar fotografías de lugares inexplorados, tener una mascota, ver una puesta de sol, dormir en la grama mientras veo las estrellas, sentarme a meditar, observar todas las estaciones del año, entablar amistad con alguien que desconozco, experimentar sexos extraños, esperar a esa persona correcta después de una larga espera…

Si fuera un niño jugaría con mis soldados y autos de carreras, si fuera una niña jugaría con mis muñecas y vestidos, si fuera un hombre me gustaría proteger y ayudar a mi familia, y si fuera una mujer me gustaría procrear y traer vida en mi vientre.

Recuerdo que una vez fui un anciano, derrotado por el tiempo, desboronado por la vida, abandonado por el apego. No tenía nada porqué existir, ya me quedaban amigos, mi familia había muerto, tenía dinero sin nadie con que disfrutarlo… Pero seguía con vida, sin propósito, pero con vida. Una existencia inútil en el mar infinito del existir. Fue una tarde cuando el anciano entró a la casa de mi creador, charlaron más de lo adecuado. Al cabo de unas horas, el anciano pagó la deuda y luego de unos meses, el alfiler de la parca se clavó en mí, liberando a aquel ser de su desdichada vida.

En cambio, yo… sigo siendo un muñeco inmóvil, un juguete vivo, pero sin vivir.

            Soy un objeto especial, mi creador ha tenido miles como yo, pero unos no funcionan, otros se rompen, otros se doblan. Yo sigo estando aquí, para servirle como un verdugo. He visto como ha creado otros como yo; elabora el cuerpo con cuero y paja, ata las extremidades con hilo y cuerdas… Pero hoy mi creador está creando algo, algo que solo hace cada cierto tiempo.

            En un caldero negro y oscuro, mi creador mezcla pócimas extrañas, conjura hechizos abstractos y prohibidos. A pesar de ser un inmortal errante, y tener un conocimiento de cientos de civilizaciones, mi creador sigue siendo humano y vuelve a estar viejo.

            Cada vez que el tiempo golpea su estadía mortal, mi creador busca un cuerpo nuevo. Él es un mago poderoso y ruin. Sabe de artes oscuras y malignas que pocos conocen o saben controlar. La alquimia es un poder peligroso, pero él sabe cómo usarla a su antojo y romper con sus esquemáticas reglas para el beneficio de su inmortalidad.

            Hoy ocurrirá lo mismo. Ha trazado en el suelo un símbolo hecho de líneas gruesas y finas, círculos, cuadros, triángulos y diamantes, perfectamente simétricos. En cada circulo colocó materiales indispensables para una creación prohibida. Hoy jugará a ser Dios, como muchas veces ya lo ha hecho.

            Los materiales se entremezclan, los huesos de un humano van cobrando figura, se forman los tejidos, las venas, los órganos, los músculos, los tendones y cartílagos; la piel, las uñas y el cabello. Un cuerpo nuevo, joven, viril y fuerte.

            Ahora se dispondría a transmutar su alma hacia el nuevo cuerpo. Mi creador se despoja de su vestimenta, se tinta con marcas, pronuncia los encantamientos. Luego procede a acercarse al caldero negro con la pócima. Se verterá el ardiente líquido para que, su viejo cuerpo se derrita y su alma vuele al nuevo cascarón vacío que creó.

            Al levantar el caldero, algo malo ocurre… el suelo se agita, los objetos en las repisas caen, los cristales se rompen, las lámparas se mueven. Un sismo interrumpe el ritual; mi creador se tambalea con caldero en mano y resbala con el suelo.

            El contenido del caldero va a parar al escritorio de torturas; una ola de brebaje corrompe los utensilios, moja los hilos, ahoga los alfileres y finalmente me hunde en un líquido lleno de esperanzas y oscuridad infinita.  

            Al despertar, lo veía todo desde una altura prolongada, me dolían las manos y los pies; sentía una picazón en la entrepierna muy gustosa. Mi vista era más detallada… y mi creador estaba ahí; tirado en el suelo, agonizando, viejo y decrépito.

            Cuando bajé la mirada, observé lo que muy en el fondo deducía. Un nuevo cuerpo que albergaba mi alma, el cascaron vacío que contenía las porciones de todas las vidas arrebatas por tantos años… vidas arrebatadas por ese hombre posado en el suelo.

            ¡Finalmente estaba vivo! Respiraba, observaba, sentía el aire en cada centímetro de mi piel, todos mis sentidos me respaldaban. Levanté los brazos y miré mis manos, conté cada dedo, los movía. Toqué mi rostro, mi pecho, mis hombros, mi cabello… sobé mis piernas y mis partes íntimas.

            Procedí a caminar, me costó un poco al principio, pero mi oído ayudó a equilibrar mi estatura, tamaño y peso. Mi creador me observaba atónito; seguramente no entendía lo que pasaba. Su espalda probablemente estaba rota, después de caer al suelo por el temblor.

            Entonces me atreví… me atreví a hablar. Esbocé un grito con toda la fuerza de mis pulmones. Mi creador se paralizó de golpe, se tapó la cara asustado. Trató de conjurar algo, lo vi mover sus dedos y susurrar conjuros, pero no iba a permitir que me quitara lo que, por tanto tiempo, siempre deseé.

            Me negaba a abandonar la vida que el milagro me obsequió. Tomé el enorme caldero negro del suelo, lo levanté por encima de mis hombros y descargué todo el peso del hierro oscuro en la cabeza de mi creador… La sangre manó de su cráneo, su maza craneal se desparramó por todos lados. El sabor metálico de la sangre fue el primero que estalló en mi boca, con una pequeña gota que cayó dentro de mis labios.

            Que sensación más sublime y natural. Era hora de experimentarlo todo, era hora de vivir, de vivir por siempre. Revisé el armario de mi creador, buscando una vestimenta adecuada para mi nuevo cuerpo.

            A partir de ahora, estudiaría con más atención las artes oscuras que mi creador profetizaba. De ante mano, sabía que una sola vida no me bastaría para cumplir con todos los sueños encapsulados que tenía en mi lista, y necesitaría de muchos cuerpos como este para seguir viviendo.

FIN

4 comentarios:

  1. Me encanta, ese es el tipo de final que llena mi alma lectora :D. Muy buen trabajo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Kristina. Me encanta hacer esos finales así. Gracias por leer. Saludos!

      Eliminar
  2. esta buenisimo,jajaja en su arrebato de vida se convirtió en lo que odiaba de su creador a ver si este se pone responsable con las muertes

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Joselyn. Quién sabe, quizá su conocimiento de la vida, le haga más responsable que su amo jaja. Saludos!

      Eliminar