miércoles, 3 de agosto de 2016

Alas de Fuego [Cuento]


Hola mis Criaturas Literarias, este es un pequeño cuento corto que escribí al estilo poema. A partir de una idea que tuve hace mucho tiempo para un cuento infantil, decidí retomar la esencia y escribir esto, espero que lo disfruten.


Fantasía.


Las pequeñas aves recién salidas del cascaron emprenden su primer vuelo al arrebol, adentrándose en lo más profundo de la montaña, escuchan las historias de los sabios que los llaman.

El instruido Búho, el astuto Murciélago y la perfeccionista Lechuza, los tres guardianes del cielo que claman a la nueva generación, les enseñan con sus cantos el origen de la vida y del amor.


Narran con educación y sosiego, cuando el mundo se creó lo más hermoso fue el cielo. Existió un Águila Arpía majestuoso y orgulloso, carecía de vista pero su vuelo era  esplendoroso.

Un día mientras volaba escuchó el canto de una colibrí que silbaba, tan solo fue esa canción de amor que al toparse ambos floreció el ardor y la pasión que profesaban.

Las dos aves se amaban a plenitud, surcaban los cielos cual viento huracanado en el jardín de la salud.

Pero alegría consumía otro corazón, el hermano de la arpía se moría de rencor. El Águila Negro los perseguía con odio, cuando batía sus alas la noche caía y la oscuridad se cernía como un aterrador podio.

Tanto fue el odio a su hermano que la maldad lo consumió, convirtiéndolo en un gigantesco y temible dragón. El fuego iracundo consumía el cielo, llevándose la vida del más preciado anhelo.

La muerte de la colibrí retumbó en la inmensidad, las fuerzas de la Arpía seguirían sin parar. Pero el fuego es un temible adversario y las plumas blancas de la arpía fueron su blanco.

El temible dragón creyó haber ganado, pero desde las cenizas de su hermano el resplandor fue clamado. Una luz de esperanza evaporó su triunfo y un pájaro de fuego resurgió de las cenizas que lo creyeron difunto.

El ave Fénix luchó junto a las fuerzas de la esperanza y combatió con su hermano hasta el fin de las leyendas y añoranzas. Pero ambos eran un equilibrado balance de poderes y al final de la batalla el día y la noche se unieron como ramas de laureles.

Los astros vieron la valentía del ave por el amor y con su última magia le concedieron un favor. Tomaron sus plumas arrojándolas al cielo, repartiéndolas por el mundo entero.

Y cuando las plumas cayeron con el viento les dieron vida a todas las aves que hoy escuchan este cuento. 

FIN


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